
Hoy quiero contarles un pequeño cuento que me compartio un gran amigo. (J. Alfredo V.)
Dos monjes paseaban a lo largo de un arroyo cuando estaban de regreso al monasterio. De repente se encontrarón con una mujer en un vestido nupcial sentada al borde del arroyo llorando. Entonces los monjes le preguntarón que le pasaba, ella llorando les dijo que necesitaba atravesar el arroyo para llegar a su boda, pero que no se atrevía a cruzar porque temia arruinar su traje de novia.
En su orden, estos monjes tenían prohibido tocar a una mujer, Pero uno de los monjes se compadecio de la novia, he ignorando la prohibición, la cargó sobre sus hombros y atravesó el arroyo cuidando del vestido de la novia. La mujer le agradecio con una sonrrisa y corrió a la capilla.
El otro monje estaba atónito "Como pudiste hacer semejante cosa?, reprendio a su compañero. Sabes tenemos prohibido tocar a una mujer a menos aún cargarla sobre nuestros cuerpo!
El monje escucho con un gran silencio todo el sermón que le dio su compañero hasta el monasterio. Allí ambos hermanos se fueron a dormir. Pero a media noche, su compañero lo despertó y volvió a regañarlo ¿Como pudiste hacerlo? No hacia falta que tú cargaras a esa mujer, podríamos haber pedido ayuda a alguien más, fuiste un mal monje le dijo.
¿Qué mujer? preguntó el otro religioso, entre sueños. ¿Ni siquiera te acuerdas? La mujer que cargaste en el arroyo, dijo el otro hermano.
Oh ella. se rió su compañero. Yo sólo la cargue a través del arroyo. Tú la cargaste durante todo el camino y sigues con ella encima.
Desde que iniciamos el despertar de cada día empezamos a tomar decisiones que afectan al resto de nuestra jornada, o para el caso de nuestra existencia.
"Tu tienes el poder de tener un dia que valga la pena para ti, y para los que te rodean"
He seguido tu enlace desde Bloguero latinos. Enhorabuena y animo. Te has introducido en un excelente mundo.
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